No puedo decir que soy la más experta en la materia, es más, creo que todos los seres humanos somos viles ignorantes en temas de amor cuando no conocemos el poder de nuestra luz, cuando no definimos nuestra energía. Y es porque el cuerpo no sabe de amor, para la parte física lo más importante son las sensaciones y estas hacen de el amor una trampa de la naturaleza para proteger la existencia de nuestra especie. En cambio el alma, esa parte auténtica e irrepetible, sabe percibir la energía que transmiten las otras almas, no tiene necesidad de reproducirse porque en ella se aloja una parte del ser humano que no se puede repetir.

Cuando nos enamoramos de la autenticidad de un alma no existe el temor que posee el cuerpo de perder la carnalidad del otro, cuando se ama con el alma se establecen relaciones de emociones reales que van mucho más allá de los supuestos que le da la sociedad al amor para poder decirle a otros “tengo un novio o una novia”. Para el cuerpo nada de eso es real, el alma es la única que sabe elegir el polo energético que necesita y es por eso que así realicemos las mismas actividades, preferimos que esté esa persona en particular para acompañarnos.

El noviazgo real requiere una mayor madurez que la supuesta amistad. Lo que para los cobardes libertinos es represión, para los sabios es conciencia, porque todo camino de luz requiere más valores; sacrificio, voluntad, valentía, etc… Y no hay lugar para los débiles y perezosos de espiritualidad, por esto un “te amo” real te hace mejor ser. Mientras un libertino está tomando hasta las 3 de la mañana evadiendo la verdad, un seguidor de la luz y la verdad está trabajando en su falso ego y sabiduría hasta las 3 de la mañana, ésta es la gran diferencia. Lo más difícil, lo que requiere esfuerzo es lo que realmente llena. Muchos afirman que el amor los ha vuelto tontos, pero si no se habla en el mismo lenguaje, el lenguaje del alma siempre seremos considerados como tal. La mayoría de los sabios han sido calificados como tontos antes de que los demás pudieran comprender la raiz principal de sus ideas que, en el lenguaje del alma se traduce en luz y esta en ocasiones nos puede cegar, sin embargo el que ama habla en ese lenguaje y quien domina el lenguaje de la luz, aunque lo intente, no puede ser ignorante.

Es imposible amar sin sabiduría.