Mario Benedetti tiene poemas para todos los gustos, pero dentro sus más grandes joyas están esas escritas a la amiga que todavía no es más que eso, a ese amor que siempre está esperando respuesta, paciente, sabiendo que su paciencia será recompensada por un amor profundo y divino.

1. Hagamos un trato.

Compañera usted sabe que puede contar conmigo, no hasta dos o hasta diez, sino contar conmigo.
Si alguna vez advierte que a los ojos la miro y una veta de amor reconoce en los míos, no alerte sus fusiles, ni piense que deliro.
A pesar de esa veta de amor desprevenido, usted sabe que puede contar conmigo.
Pero hagamos un trato nada definitivo, yo quisiera contar con usted.
Es tan lindo saber que usted existe, uno se siente vivo.
Quiero decir contar hasta dos hasta cinco, no ya para que acuda presurosa en mi auxilio, sino para saber y así quedar tranquilo, que usted sabe que puede contar conmigo.

2. No te rindas.

No te rindas, aun estas a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas, aunque el frio queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento.
Aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque lo has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto, porque no hay heridas que no cure el tiempo, abrir las puertas quitar los cerrojos, abandonar las murallas que te protegieron.
Vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa, ensayar el canto, bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas por favor no cedas, aunque el frio queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento.
Aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo, porque esta es la hora y el mejor momento, porque no estás sola, porque yo te quiero.

3. Viceversa.

Tengo miedo de verte, necesidad de verte, esperanza de verte, desazones de verte. Tengo ganas de hallarte, preocupación de hallarte, certidumbre de hallarte, pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte, alegría de oírte, buena suerte de oírte y temores de oírte.
O sea resumiendo, estoy jodido y radiante, quizá más lo primero que lo segundo y también viceversa.

4. Te quiero.

Tus manos son mi caricia, mis acordes cotidianos, te quiero porque tus manos trabajan por la justicia.
Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo y en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos.
Tus ojos son mi conjuro contra la mala jornada, te quiero por tu mirada que mira y siembra futuro.
Tu boca que es tuya y mía, tu boca no se equivoca, te quiero porque tu boca sabe gritar rebeldía.
Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo y en la calle, codo a codo somos mucho más que dos.
Y por tu rostro sincero y tu paso vagabundo y tu llanto por el mundo, porque sos pueblo te quiero.
Y porque amor no es aureola, ni cándida moraleja y porque somos pareja que sabe que no está sola.
Te quiero en mi paraíso, es decir que en mi país la gente viva feliz aunque no tenga permiso.
Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo y en la calle, codo a codo, somos mucho más que dos.

5.Rostro de vos.

Tengo una soledad tan concurrida, tan llena de nostalgias y de rostros de vos.
De adioses hace tiempo y besos bienvenidos, de primeras de cambio y de último vagón.
Tengo una soledad tan concurrida que puedo organizarla como una procesión, por colores, tamaños y promesas. Por época, por tacto y por sabor.
Sin temblor de más me abrazo a tus ausencias, que asisten y me asisten con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras de noches y deseos, de risas y de alguna maldición.
Mis huéspedes concurren, concurren como sueños con sus rencores nuevos, su falta de candor.
Yo les pongo una escoba tras la puerta, porque quiero estar solo con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos mira a otra parte, con sus ojos de amor que ya no aman.
Como víveres que buscan su hambre, miran y miran y apagan mi jornada.
Las paredes se van, queda la noche, las nostalgias se van, no queda nada.
Ya mi rostro de vos cierra los ojos y es una soledad tan desolada.

Cualquiera sirve para dar y regalar a esa persona a la que vemos a los ojos y el corazón y el pulso se aceleran.