La lección que han dejado múltiples investigaciones es que no se puede cambiar la mente de otra persona o sus hábitos. Cuanto más intentamos, a más resistencia nos enfrentamos, y al final, más frustrados terminamos. Podemos retirarnos y fracasar, o peor, perder la calma y ahondar los problemas.

Pero hay una mejor manera. Concentrarnos en el contexto que estamos creando para que la otra persona explore una nueva perspectiva o comportamiento. Una parte clave de ese contexto es nuestra forma de abordar la conversación, nuestra postura y actitud.

Observemos el caso de “Mariana”, una joven apasionada por la salud. Su novio tiene sobrepeso, debido en parte a sus hábitos alimenticios. Mariana ha intentado que su novio cambie de dieta. Le ha dicho repetidamente qué alimentos son saludables y cuáles no. Ha destacado las consecuencias de la obesidad y la diabetes. No ha funcionado, pero ella sigue intentándolo cada vez que hablan. Sus conversaciones se han vuelto incómodas, al punto que ya no comparten comidas juntos.

Esta situación puede parecernos muy familiar. De hecho, vemos el mismo patrón en las conversaciones en torno a una serie de temas, desde el ahorro de energía o el machismo, hasta el sitio donde se celebran ocasiones especiales.

Para hacer frente a estas situaciones con eficacia, el primer paso es desplazar la atención lejos de la otra persona y centrarnos sobre nosotros mismos.

Pregúntate a ti mism@ – ¿Cuál es tu forma de ser? ¿Qué tipo de ambiente estás creando para la conversación?

Al darnos cuenta de que no abordamos los temas con sutileza sino que tratamos de imponer nuestras ideas sin tener en cuenta que precisamente los comportamientos a cambiar son hábitos adquiridos durante años, ideas preestablecidas y heredadas, y en consecuencia el cambio de ellas es un proceso individual y sobre todo de conciencia y no de imposición.

Entonces, ¿por qué nos quedamos atrapados en este tipo de comunicación? ¿Por qué elegimos una forma de ser que, en el fondo, sabemos que no será eficaz? Nos quedamos atascados porque hay una ganancia secundaria o una recompensa psicológica escondida. Es lo que los autores Bob Kegan y Lisa Lahey llaman “competencia escondida“.

¿Conversaciones así ayudan, o al contrario polarizan más las opiniones en mundo ya de por sí polarizado?

Debemos empezar a desarrollar conversaciones transformadoras con nuestras personas más cercanas que seguramente más tarde se van a ver reflejadas en todos los aspectos de nuestras relaciones. El éxito de Mariana es una victoria para la salud de su novio y sobre todo, una victoria para su relación.

Una forma efectiva de superar este tipo de situaciones es preguntarle a la otra persona que siente cuando abordamos temas que no le gustan, que siente cuando hacemos críticas de su comportamiento, y sobre todo, cómo nos ve y nos percibe en ese momento.

La clave está en la comunicación y más que nada en la auto-observación. La clave para conquistar mentes y corazones está dentro de nosotros.

Fuente: www.psychologytoday.com